actualizado: 23/06/2017
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El LOBO: un mito, un tópico… o una realidad

De todos son conocidas las leyendas y cuentos que "mortifican" al lobo como a un ser malo y despiadado. El hombre ha hecho todo lo que ha tenido al alcance de la mano para destruirlo y hacerlo desaparecer. Ahora, después de casi 100 años parece que vuelve de una manera tímida a nuestras montañas pirenaicas, y vuelve la polémica y las invenciones de las personas en contra del animal.

Hembra dominante

Este último fin de semana, (el 9-7-2006) fui a visitar el parque de "la Maison des loups" en Ax les Thermes en la comarca de l'Ariege (Francia) a unos 45 minutos de mi casa, situada a Bor en la comarca de la Cerdaña (Pirineos Orientales). Allá pude ver los diferentes cercados donde están los lobos, separados según las distintas sub especies: lobos canadienses, europeos, árticos o polacos, donde viven en perfecta armonía entre ellos, siendo una manada muy bien estructurada donde la jerarquía de la pareja dominante se impone por encima del resto de la manada.

Pude ver diferentes comportamientos delante de la presencia de personas que se acercaban a la cerca de seguridad, por ejemplo, pude ver como se miraban de diferente manera a las mujeres, a los hombres o a los niños y sobretodo como reaccionaban cuando algún niño corría alrededor del cercado. Me recordaba la manera de trabajar de mis Border Collies, es decir, fijaban la mirada en aquel niño que corría inconsciente de lo que hacía, y lo seguían en todo momento como si fura una presa de caza.

Macho de tres años de edad

Alrededor del mediodía, el dueño y el cuidador del parque, dieron la comida a los lobos, de manera que todo el mundo lo veía, a la vez uno de ellos, daba unas explicaciones sobre el comportamiento de los lobos; unas pequeñas explicaciones de como viven y los problemas que comportan a la ganadería. Hablaron de los perros de protección de rebaños, etc..., en fin una charla muy interesante, aunque para algunos parecía no tener demasiada importancia o que ellos sabían más que el hombre que lo explicaba, pero ya se sabe, en todos los sitios hay "técnicos".

Lo cierto es que todo aquello que explicó aquel hombre y los comportamientos que yo había observado, me indujeron a pedirles si era posible entrar dentro con lobos. El hombre no lo dudó y me invitó a entrar a dentro con él, cosa que acepté con los ojos cerrados, para mi era casi un sueño.

Una vez dentro del recinto de los lobos canadienses, el cuidador me dijo que nos agachásemos, acto seguido se acercó la loba dominante de la manada, era una loba de color gris oscuro, con un olor muy intenso y peculiar, se plantó a un metro y medio delante de nosotros. Nos observaba con desconfianza y al mismo tiempo con intimidación. La cola ligeramente levantada, las orejas planas al lado de la cabeza y la mirada fija en mi, la cosa extraña que había entrado en su territorio. Yo, evitando mirarle directamente al los ojos la observaba. Si me pinchan no me sacan sangre, el resto de los lobos estaban alrededor, unos más cerca, otros más lejos.

Hembra

En el momento en que nos levantábamos a nuestra posición normal, los lobos se retiraban con signos de miedo, pero si nos agachábamos volvían a acercarse para ver quienes éramos; pude sentir su olor, sentir como pisaban las ramas, los gemidos, la madriguera ... y me di cuenta que si querían yo estaba a su disposición. Que si fuesen tan malos como dice la gente yo no estaría ahora escribiendo estas líneas y que eran mucho más listos e inteligentes del que muchos de nosotros pensamos.

Sin duda, fue una experiencia fantástica y que recordaré tota la vida, y de buen seguro que me hará cambiar algunos aspectos de como tratar a sus primos, mis perros; de como tratar y hablar de ellos, unos animales impresionantes, fantásticos y que se merecen el respeto de nosotros, los animales teóricamente racionales.

Espero poder volver y poder repetir experiencias como estas, para poder explicar y enseñar a mis hijos que es un lobo de verdad, un oso, un rebeco, una ardilla, ...y que todos ellos merecen nuestro respeto. Como dice un refrán de los indios americanos, "la tierra es la herencia de nuestros hijos"

Armand Flaujat   


 
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